Hace un par de noches anduve gastándome dinero en bebida para beber y tuve uno de esos momentos mierda por los que todos tenemos que pasar alguna vez en la vida; entré borracho al W.C. del bar sin inspiración. Todo el egouniverso apestoso de los poetas desapareció. Meé si tan siquiera sacar uno de esos versos estúpidos que los poetas estúpidos solemos fabricar cuando meamos borrachos. Como a veces también pertenezco al calamitoso oficio de los creadores plásticos, traté de buscar vereda en el terreno artístico. No hubo manera; meaba sin inspiración.
Yo acostumbro a odiar a los poetas, a los escritores, a los pintores y a toda esa chusma sensiblera que también creen en Atenea. Pero cuando uno bebe es distinto. Hasta me da por pensar que las musas no son unas putas asquerosas que te acercan defecaciones mentales para que acaben en un papel. Los poetasescritorespintores estúpidos solemos pensar esas cosas cuando bebemos. Y también que a los demás les importa mucho toda la mierda que se nos ocurre. Y también que somos necesarios para la sociedad. Creerse el ano del mundo nos es propio. La cosa es de un patetismo amarillo ocre. Es decir churretoso.
¿No va a iniciar nunca nadie una campaña antipoesía?, ¿ni un incendio masivo en todos los Salones de Otoño de Pintura?, ¿ni una inundación en todos los Servicios de Publicación de las Diputaciones?.